Estoy un poco confuso respecto a lo que da sentido a mi vida. A muy temprana edad aprendí que una de las cosas más importantes que podía hacer en este mundo era adquirir en propiedad una vivienda. Tengo mis dudas al respecto, porque si esta acción es lo que va a dar significado a mi existencia, la que va a iluminar mi camino, la conclusión a la que llego es que Dios es promotor inmobiliario.

Nazco y ya estoy predestinado a comprar una casa, es mi destino, por mi bien y el de los demás. ¿Quiénes serán los demás?

Me imagino que allí en el Cielo antes de nacer ya me dieron instrucciones para mi inversión. Seguro que me dijeron algo así: -mira aunque no lo vas a recordar, te vamos a programar para que adquieras lo que va a ser tu hogar en tal zona. Dentro de treinta años por razones pastorales nos va a convenir urbanizarla-.

La teoría de que Dios sea promotor inmobiliario no es ninguna locura. Si el Cielo está parcelado para acoger todas las almas, siguiendo el antiguo axioma hermético “como arriba es abajo; como abajo es arriba” adquiere todo el sentido que mi misión en la Tierra sea la de construirme en una parcelita mi vivienda.

Claro que el hecho de que esto sea verdad a mi me preocupa mucho, mis posibilidades económicas no me permiten tener una casa de muchos metros cuadrados, con lo cual el día que tenga que ir al Cielo, con mi documento de propiedad voy a poder demostrar muy poca superficie. Para colmo es compartida con mi mujer y los metros se quedan en la mitad y siendo tan pocos, ¿Por qué parcela celestial me la van a permutar? Temo que me la vayan a poner muy pero que muy lejos de Dios, por mucho que esté orientada a su diestra.

Comprendo por qué las jerarquías de las religiones tienen tantas y tan inmensas propiedades inmobiliarias repartidas por todo el Planeta. Es un mandato Divino y si por casualidad van al cielo, lo hacen habiendo adquirido el derecho a estar cerquita de Dios. En estos momentos de claridad mental me siento fatal, culpable por haber criticado siempre a las altas esferas religiosas. Nunca entendí la voracidad que tenían por adquirir palacios, erigir templos grandiosos, altos, mansiones para vivir en la austeridad, pero ahora lo veo  claro, piden dinero para construir un puente directo al Cielo por el que transitar ellos. Después de vislumbrar las verdaderas razones de su apetito inmobiliario me siento tremendamente mal, que injusto he sido juzgando lo que no he sabido comprender. Por mi culpa, por mi santísima culpa, pido perdón.

En este momento también entiendo por qué las fortunas terrenales adquieren las mayores propiedades inmobiliarias en los parajes más hermosos, lo hacen al igual que las jerarquías religiosas, para estar más cerca de Dios. Cuando mueran querrán demostrar a su llegada al Cielo que poseen las mayores posesiones y así realizar una permuta ventajosa. Ellos sí que pueden…

Es lo que pasa con todos los poderes políticos y sociales. Palacios rodeados de bosques, edificios históricos, despachos mayores que una cancha de tenis, todo por mandato divino. Entiendo que no es una opción humana, algo muy profundo mueve a estos seres. Son muy respetables y carece de sentido que yo los critique. Han sido los elegidos. Así es, y no hay vuelta de hoja.

Que se conozcan entre ellos, religiosos, ricos y políticos es lo más normal del mundo. Si después de morir, cuando sus cuerpos sean entregados a la putrefacción, van a ser vecinos de finca en el más allá, lo lógico es que vayan manteniendo desde ahora relaciones cordiales. Sus intereses coinciden, les espera un mismo destino, el cual al parecer no coincide con el mío.

Me he prometido a mi mismo que no voy a ser envidioso. Tengo muy pocos metros cuadrados para canjear por una parcela con vistas al Trono Celestial, así que no pienso arriesgarme a que me resten puntos por desear las propiedades del prójimo.

Esta reflexión me ha hecho ver con lucidez el motivo por el que estallan las burbujas inmobiliarias, no es porque exista un exceso de construcciones, ¡No!, sino porque en el Cielo están haciendo un nuevo plan urbanístico y necesitan tiempo para concluirlo antes de volver a dinamizar la actividad constructiva en la Tierra.

Soy sincero, me fastidia saber desde ya que tengo conocidos que van a poseer mejor parcela que yo en el más allá, pero también me consuela conocer que yo voy a disponer de una superior a la de muchos otros y eso me tranquiliza.

De todas formas me alegra haber descubierto cual es mi misión en la Tierra y haberlo hecho a una edad relativamente temprana, aún estoy a tiempo de adquirir mejores posesiones, no para vivir mejor aquí, ¡Por Dios! sino allí.

 

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