He llegado a la conclusión de que no quiero ganar dinero con la lotería. Apuesto pero solo lo hago para poder quejarme de no ser afortunado en el juego.

Mi ego habla de lo fantástico que sería que me tocara un premio millonario y yo me lo creo. Disfruto pensando en todas las cosas que me permitiría hacer mi nueva condición de rico. Cuanto más pienso en las posibilidades que se abren ante mí, mayor es mi excitación. Masturbo mi mente visualizando placeres que hoy considero inalcanzables y cuando estoy a punto de llegar a mi ego-orgasmo con las pupilas girando sobre su eje, como si de una puñalada trasera se tratara aparece la siguiente pregunta. ¿Con quién vas a repartir el premio? Se jodió. Adiós placer. Sólo queda aturdimiento.

Me pongo nervioso, lo primero que me planteo es que no se lo voy a decir a nadie, así no tengo que compartir mi dinero. Pero claro mi cambio de estilo de vida va a ser evidente y las preguntas se van a hacer inevitables. Acabaran interrogándome por mi repentino aumento de fortuna y no tengo una coartada creíble. También puedo disimular mi nueva condición de adinerado y esconder mi premio ante la vista de los demás, pero entonces me va a resultar difícil disfrutarlo. Ser millonario y seguir con el mismo coche, piso y trabajo es absurdo, pero es muy duro tener que repartir tu dinero entre aquellos que te han criticado más de una vez y si no lo hago, ¿cómo me voy a sentir?

Es evidente que no quiero repartir ni un euro del premio que tan merecidamente me ha correspondido, pero me entra tal sentimiento de culpa que al final no me queda más remedio que plantearme el compartirlo.

Me duele comenzar a contar el número de individuos que van a aprovecharse de mi suerte, es que no quiero, se me saltan las lágrimas solo de ver sus caras de satisfacción mientras reciben mis euros, me veo extendiendo la mano con un cheque y retirándola cuando lo van a coger. Llega un momento en que estoy llorando desconsoladamente, pataleo contra el suelo mientras miro al cielo gritando que es injusto.

Una vez que se me ha pasado el disgusto, ya más tranquilo comienzo a visualizar entre quienes voy a distribuir el dinero. Lo primero que hago es decidir cuál va a ser la cantidad que voy a destinar a entregar a mis allegados. Me parece que es mucho dinero e inclino un poco la balanza hacia mi lado adjudicándome una mayor parte. Cuando creo que he llegado al montante que estoy dispuesto a dar, decido que para ser justo voy a entregar la misma cantidad a cada uno de ellos. Divido entre todos y no me quedo satisfecho, me parece que tal vez sea un poco escaso el dinero que estoy repartiendo entre tantos.

Vuelvo a negociar conmigo mismo para ver si consigo una cantidad mayor para cada uno de los beneficiarios de mi suerte. Llego a la conclusión de que si aumento mucho el dinero a repartir voy a quedarme yo con menos de lo que quiero. De nuevo realizo sumas, restas y divisiones hasta que considero que lo que me corresponde y lo que regalo son cantidades justas para todas las partes.

Para quedarme más tranquilo visualizo el uso que pueden hacer con el dinero que les entrego. Me parece que en la mayoría de los casos la inversión que realizan con mi dinero es razonable, pero hay otros a los que les veo “tirando” los euros recibidos y entonces las tripas se me retuercen. No quiero que los que derrochen mi dinero, a la hora de quedarse sin nada recurran a mí pidiéndome dinero prestado. ¡Eso sería insoportable!

Me cuesta mucho dar este dinero y lo que quiero es tener el control del uso que van a hacer de él. Lo regalo pero quiero ser yo quien elija el destino de la cantidad que entrego a cada uno. Conozco a todos los que van a recibir parte de mi fortuna y creo saber como la tienen que utilizar.

Ahora lo que pienso es si no sería mejor dar a unos una cantidad y a otros otra. A los que creo que van a hacer mejor uso les voy a entregar más dinero que a los que pueden malgastarlo. Claro que esto tiene un riesgo y es que todos se enteren de lo que han recibido y los que han sido menos agraciados por mi decisión se enfaden conmigo. Ya solo faltaba eso, que encima de darles dinero me acusen de ser injusto y dejen de hablarme. La verdad es que si corro ese riesgo a lo mejor no merece la pena darles nada. Aunque también existe la posibilidad de que las personas que más dinero han recibido, aun así piensen que soy un tacaño por no haberles entregado una mayor cantidad de dinero, desapareciendo el afecto que me tienen. Y esto ya me parece demasiado porque si encima de que yo voluntariamente no repartiría nada a nadie, unos y otros van acabar cabreándose conmigo. Lo único que va a ocurrir es que acabemos todos enfrentados. Los que menos reciben se enfadan con los que más, los que más con los que menos y todos conmigo.

Pero también pienso que si el tema de la repartición sale bien y consigo que cada uno invierta correctamente el cheque que le entrego, éste podría ser el mismo en cada caso. Entonces ¿cómo cambiaría la relación que tienen conmigo?, ¿aparecerían envidias?, ¿cómo las evito?

Tendría que tener mucho cuidado en que gasto mi dinero e intentar que mis adquisiciones no despertaran los celos de los demás. Para ello lo mejor sería no comprar cosas demasiadas caras, evitar hacer ostentación de mi nuevo nivel de vida. Viviría como hasta ahora, permitiéndome algún capricho, no muchos y ahorrando para cuando me jubilara. Para entonces muchos de ellos ya habrían olvidado mi fortuna y sería el momento de permitirme grandes antojos si la salud me lo permite.

Cada vez que me pongo a pensar que haría con el dinero del primer premio de la lotería acabo sufriendo más que gozando. Me estreso de tal manera que tengo que tomarme un tranquilizante. Termino atacado de los nervios y al final decido que no quiero ser el agraciado por la lotería mas desgraciado.

Dicen que la realidad siempre supera lo que reflejan los Films. Así que si ésta acaba sobrepasando mi película mental, por favor no quiero que me toque la lotería, yo voy a seguir jugando pero me conformo con el reintegro.

¡Gracias Universo!

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