FELIZMENTE AMARGADO

 

Si el mundo cambiara yo sería más feliz. He decido actuar en consecuencia.

Ya he comenzado, harto de aguantar injusticias ahora simplemente culpo a los demás de todos mis males y además lo hago sin remordimiento.  Encuentro tantos motivos por los que ofenderme que he descubierto que siempre tengo razón.

Mientras estoy despierto castigo a medio mundo y cuando duermo al otro medio, para que aprendan. Así que al día siguiente me levanto reventado de tanta actividad desplegada por la noche. Claro que también me acuesto hecho polvo, pues durante el día he estado repartiendo rabia a diestro y siniestro.

Uno se cansa, pero te aseguro que reconforta, sobre todo salir victorioso de cada una de las batallas que emprendo a diario. ¡Qué se fastidien! He adquirido una gran habilidad para ser un guerrillero que encuentra injusticias en todas las situaciones y veo segundas intenciones en cada una de las personas con las que me relaciono. Es impresionante la facilidad con la que puedo mosquearme, si hasta cuando me saludan creo que lo están haciendo para fastidiar, claro que yo esto lo noto a la primera y me entra un calentón por los pies, que según asciende por mi cuerpo, lo único que hace es hervirme la sangre hasta que salto. Normal, ¿qué voy a hacer?

-Buenos días.

-¿Cómo?, ¿Qué has querido decir con eso de buenos días?

Pues hoy no me he levantado yo como para comenzar desde la mañana con ironías. Ya me la han liado, nada más entrar a trabajar.

Te lo cuento y sonrío. Te voy a confesar que a mí esto de pasar el día y la noche ofendido acaba por alegrarme la vida.

A veces cuando me levanto y no me acuerdo de lo que he soñado siento el cuerpo como si estuviera un poco relajado, sin la tensión habitual y me entra un mal rollo…, que me encuentro raro, como aplomado, sin ganas de leer el periódico o ver las noticias, algo me falta. Estas situaciones me asustan. Lo primero que tengo que hacer es ir al cajón de las medicinas para tomar algo que me haga reaccionar, que me ponga las pilas, es que si no se me cae el mundo encima.

Me tomo la pastillita y todo comienza poco a poco a funcionar como de costumbre, lo primero que hago es quejarme del que ha fabricado tanta porquería, seguro que se está forrando a mi costa. Hace su efecto, mira por donde ya comienzo a amargarme un poquito el día. Sacudo todo mi cuerpo a la vez, cabeza, hombros, brazos, cintura y piernas, camino sobre mis propios pasos sin moverme del sitio para entonarme y ya puedo subir al siguiente nivel de desdicha.

En el desayuno casi me recupero del todo. Es que siempre es la misma mierda, lleno de grasas saturadas que suben el colesterol hasta el Everest. Mira que siempre lo digo, con esta porquería uno no puede empezar el día bien, sé que tengo que comprar algo más saludable, pero nada, que no lo adquiero, es que con el muesli flojeo.

Poco a poco voy subiendo hasta alcanzar el tono habitual, ya falta poco, saliendo de casa enseguida recupero mi estado natural, en cuanto me cruce con dos o tres personas todo vuelve a su cauce. Porque te voy a decir una cosa, y no te rías, que es verdad, yo leo el pensamiento de los demás. Los miro, veo que gesto llevan puesto en la cara y en cuanto su mirada se cruza con la mía, ¡Zassss, los cacé! Y ninguno lleva un pensamiento bueno, ¿Cómo lo van a llevar? Con esa cara de amargados, el cejo fruncido, la mirada perdida. Ya les digo yo mentalmente, si con esa expresión no vas a ir a ningún sitio, mejor te hubieras quedado en casa, llegas a trabajar y lo único que vas a hacer es perder el tiempo, seguro que el día lo pasas criticando.

En el trabajo los que más me fastidian son aquellos que lo primero que hacen nada más entrar es leer el periódico. Nunca lo tengo libre, siempre me toca esperar a que acaben de leerlo. Así no puede funcionar bien una empresa, esta gente me cabrea. Al final siempre tomo el café frío, porque a mí me gusta ojear la prensa mientras lo bebo. ¡Dos horas para lograr leerla y ya se me ha ido media mañana!

Ahora me toca capear con todos los inútiles que tengo alrededor. Sin ganas, porque el cuerpo se me ha quedado fatal después de confirmar lo mal que está el mundo. Como ayer pero mucho peor. Se creen que pueden preguntarme lo que quieran, durante todo el santo día. ¿Es que siempre tengo yo que tener la respuesta? Hasta ahora contesto pero un día me voy a cansar y cada uno va a tener que responsabilizarse de su trabajo y saber cuáles son sus funciones. Yo ni soy Divino ni Eterno y el día que falte, simplemente lo siento, si se hunde el barco yo ya lo he avisado. Es que mi puesto de trabajo es agotador, no te dejan vivir en paz. Con la salud tan delicada que tengo, cualquier día se van a quedar sin conserje.

La culpa es de los médicos, siempre recetándome antidepresivos y yo sigo igual de mal, mis dolores musculares no cesan, tengo el azúcar y colesterol alto, para mi estatura de 1,65 peso 87 kilos, la tensión arterial por las nubes, las lumbares desechas, igual que las cervicales y los señoritos de bata blanca, a los cuales debieron de dar el título en alguna feria de pueblo sin idea de lo que me pasa. Sé lo que me ocurre, ya se lo he dicho, pero no me hacen ni caso.

Mi mal es el mundo, me hace daño y mientras no cambie esta puñetera realidad yo seguiré siendo su víctima.

 

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