Cuando no consigo que me quieran y aprecien aquellos que más deseo que lo hagan, me vuelvo loco y reacciono convirtiéndolos en mis enemigos, incluso soy capaz de odiarlos en la intimidad.

Ni agua les doy, mi lucha contra ellos no tiene descanso. Aprovecho la menor ocasión para criticarlos haciendo como que no los critico. Rechazo su estilo de vida, forma de ser y actuaciones, hasta convertirlos ante los ojos de los demás en personas egoístas e insensibles.

Ha sido mucho el esfuerzo que he realizado para que me amen, sin conseguirlo, adaptando mi forma de ser a la que imaginaba que ellos iban respetar. He intentado ser su colega para caerles bien y me admirasen sin que nada de lo hecho haya dado el resultado que yo esperaba. Por tanto la única opción que me han dejado es la de rechazarlos.

Me doy cuenta de que yo no significo nada para ellos cuando al acercarme me reciben con cortesía antes de alejarse de mí, prefiriendo conversar con otros. En esos momentos me siento el niño más desvalido que existe sobre la Tierra.

Mi odio es silencioso, mis críticas sibilinas y las realizo a sus espaldas, en público no los juzgo de forma descarada, me dedico a ir de uno en uno informándoles de cómo son en realidad las personas que no me hacen ni caso e ignoran mi existencia.

Mis enemigos íntimos forman parte de mi familia, compañeros de trabajo, amigos, conocidos e incluso desconocidos.

Al inicio de la relación siento una gran atracción por ellos, lo que me lleva a intentar un acercamiento, los veo como personas con cualidades que yo admiro y carezco de ellas. Creo que estar a su lado es algo grandioso para mí, cada vez que lo logro, aunque sea brevemente me siento orgulloso. Formar parte de su círculo me hace feliz. Claro que según los voy conociendo y veo como reaccionan ante mi forma de ser, me doy cuenta de que los he sobreestimado. Ante todo lo que más me duele, es ver como prefieren relacionarse con gente que no me llega ni al talón de Aquiles, nada interesante. Esto me ha hecho pensar que si eligen a este tipo de personas antes que a mí debe de ser porque ellos mismos no son demasiado inteligentes. Me han defraudado.

Apelando a mi bondad y mi natural inclinación por hacer el bien lo único que me queda es desenmascararlos. No puede ser que un presunto Gurú vaya por la vida de visionario cuando no ha sabido apreciar en mí al ser humano dispuesto a sentarse a su lado y ayudarle a difundir su mensaje. Yo me acerqué a él humildemente, con cariño, presto a ser su discípulo y me sentí rechazado. La gente tiene que saber el daño que este individuo me hizo, lo peligroso que es y el dolor que puede llegar a causar.

Con mi primo pasó lo mismo, al principio me parecía el individuo mas enrollado del mundo, tenía el don de la palabra e ideas geniales, me gustaba escucharle, estar con él era un placer, disfrutaba de su compañía. Nuestros encuentros siempre eran en “petit comité”, su pareja y la mía. Comencé a darme cuenta de que cuando la reunión se ampliaba él se inclinaba por relacionarse con otras personas además de mi mismo. Eso era injusto, yo debía de ser su familiar más cercano. Nuestras conversaciones habían sido muy intimas y eso lo consideraba suficiente motivo para que nuestra relación fuera más estrecha y no me ignorara de esa forma cuando los encuentros eran con más familiares. Esta situación se repitió en diversas ocasiones y al poco tiempo ya no aguanté más y prescindí de su compañía. No quería estar con alguien que solo me prefería cuando estábamos los dos solos y me rechazaba cuando el círculo se ampliaba. Por suerte para los demás me encargué de mostrar su doble personalidad, los avisé para que no cayeran en la red que desplegaba con sus encantos. No quería que otros padecieran mis mismos desengaños. Mi deber era advertirlos.

He cambiado muchas veces de trabajo y siempre lo he hecho al descubrir la verdadera personalidad que cada uno de mis jefes ocultaba. Al principio nuestra relación era idílica, me daba cuenta de que me valoraban, les  gustaba mi forma de ser y me dedicaban mucho tiempo. Me gustaba estar a su lado y ayudarles, ser su fiel consejero y que reconocieran lo mucho que yo estaba haciendo por ellos. Pero cuando se han dado cuenta de que mi presencia en la empresa podía ser más importante que la suya, han huido de mí. No querían que su poder se difuminara ante mi notable inteligencia. Preferían estar rodeados de pelotas e incompetentes antes que ante un gran profesional,  eficaz y resolutivo como yo. Temían que les pudiera hacer sombra y comenzaban a alejarse de mí. El último paso siempre lo di yo, consistía en cantarles las cuarenta antes de despedirme de por vida

No me gusta que exista gente así por el mundo. Son encantadores de serpientes, se presentan ante ti como corderos con el objetivo de lograr que te fíes de ellos para después convertirse en lobos y atraparte entre sus garras sin la menor intención de soltarte para que seas libre. Quieren utilizarte, ser el centro de atención, que nadie a su alrededor les supere y si no lo consiguen les da absolutamente igual abandonarte como a un perro. No sufren ningún remordimiento por su actitud, es más, los muy desalmados justifican sus acciones creyéndose honrados y justos.

Si yo un día me descubriera actuando tal y como los describo me daría un ataque al corazón. ¡Qué horror! Mejor no pensarlo. Es imposible que yo sea un indeseable, tal y como son todos los que se alejan de mí.

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