¿Te puedes pasar la vida sabiendo que algo no funciona mientras esperas que la Providencia se encargue de tu malestar y lo convierta en bienestar? Yo sí, ¿y tú? Para conseguirlo rezo y pido a la Divinidad. Si creo que no me escucha la amenazo con distanciarme de ella, la chantajeo recordándole que soy bueno y que no se le ocurra olvidarse de mí. Finalmente, si me siento abandonado me alejo durante un tiempo para regresar cuando la soledad se me hace insoportable. Estoy como al principio, mal, pero no me rindo, sigo esperando que las cosas que me hacen sentir molesto mejoren.

Yo quiero que mi situación cambie, lo que no quiero es cambiar yo, no estoy a gusto conmigo mismo, pero es lo único que creo conocer. Tengo una personalidad definida, con unos pensamientos arraigados, una forma de ver la vida y continuamente me reafirmo en mis creencias. Me proporcionan seguridad, dolor también pero seguridad, porque sin ella la sensación es de que mi sufrimiento sería incontrolable. Tengo acotada mi capacidad de sufrir y he conseguido que sea soportable.

Cada día me consuelo observando a aquellos que están peor que yo y quieras que no esto anima. A veces me siento tan bien que lo único que busco es encontrar a alguien más miserable que yo aunque no para ayudarle, prefiero que siga en esa situación, es lo que a mí me da motivos para ver mi vida mejor que la suya. Lo que sería un desastre es que el miserable saliera de su estado y llegara a estar bien consigo mismo cambiando su vida interior y exterior. Eso a mí me hundiría en la miseria. Entre los miserables soy capaz de ser el rey. Infeliz pero monarca.

Mi terapeuta me decía que la locura es intentar cambiar sin hacer nada para conseguirlo. No estaba de acuerdo y lo cambié por un religioso, que al menos por el mismo dinero él ponía velas por mí para que se produjera el milagro de mi vida. En eso sí que creo, aunque mi fe a veces se debilita.

Ciento ochenta velas puestas en mi honor y el milagro sigue sin producirse. Estoy valorando si acudir a otras instancias superiores. Creo que me voy a encomendar a divinidades de mayor rango para ver si ellos median por mi bienestar.

Estoy ilusionado con esta nueva etapa de mi vida. Ahora seguro que puedo rezar a estos dioses para que cambien todo lo que no funciona en mi vida. Con todo el poder que tienen seguro que hacen que mi padre por fin reconozca que yo tengo razón en todos los asuntos que nos distancian, que me pida perdón y venga hacia mí con los brazos abiertos. En ese momento verá que tiene un hijo bondadoso y humilde. Estaré dispuesto a perdonarlo. También quiero que mis superiores se fijen en el trabajo que desarrollo, el cual cada día hago con más desgana, y valoren mi aportación subiéndome de categoría profesional y salarial. Estoy seguro de que se van a sentir muy bien como jefes al adoptar tan justa medida. Entonces me aplicaré para ser un empleado entregado e ilusionado que desarrolla una labor excelente.

En cuanto a mi familia, las divinidades tienen que abrirles los ojos para que sepan ver al marido amante de su esposa y al padre responsable y protector de sus hijos. Cuando se iluminen cambiarán de opinión, amándome incondicionalmente. Yo sabré corresponderles de igual manera.

Tengo puestas muchas esperanzas en esta relación con las huestes celestiales. Sé que por fin mi vida va a cambiar, me voy a sentir bien en el trabajo, me emociona el reencuentro con mi padre y mi petit familia va adorarme.

Siempre he sabido que mi grado de bienestar depende de que las cosas que están a mi alrededor funcionen como yo quiero.

De todas formas a esta deidad voy a darle un margen de confianza. No puedo olvidar que en otras ocasiones no ha sabido responder a mis peticiones tal y como las he realizado. La fe es lo último que se pierde y voy a intentarlo por última vez. Sé que si me esfuerzo lo suficiente y rezo de forma incansable acabarán por fijarse en mí y habré conseguido lo que siempre he deseado. Atesoro la esperanza de que así suceda, pues observo cómo a mi alrededor hay gente que sin merecerlo tanto como yo lleva una vida aparentemente más satisfactoria. Parecen conseguir todo lo que se proponen y estoy seguro de que por ellos no han puesto ni la mitad de velas que por mí.

Lo merezco, soy bueno y me hace feliz ver cómo la gente cambia a mi alrededor.

 

 

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