Llevo toda la vida intentando saber qué es lo que quiero, sin darme cuenta de que hay un montón de gente dispuesta a decirme qué es lo mejor para mí. ¡Qué pérdida de tiempo! ¿Cómo he podido ser tan burro?

He decidido abrir los ojos y mirar a mi alrededor en busca de las personas y organizaciones que mejor saben lo que me conviene.

En primer lugar me he topado con los políticos, esos adorables seres que sacrifican su vida para mejorar la mía. Los admiro, yo dudo de ser capaz de decir a alguien qué es lo que más le conviene, desconozco cuáles son las experiencias que tiene que vivir y entrometerme en su vida sin que me haya invitado me da pavor. Pero que yo sea un cagado, no significa que todos tengan que ser igual.

Hay gente que tiene tan alto concepto de sí misma que es capaz de creerse que puede guiar por el camino del bienestar a los demás. Esto es envidiable. Tienen que ser seres superiores, de otra forma yo no lo entiendo. Sus capacidades deben de provenir del más allá. Sin conocerme personalmente saben qué es lo que yo necesito para vivir bien; nunca me lo han preguntado, sin embargo conocen qué es lo que pido a esta vida y me lo ofrecen. Esto es grandioso, puedo vivir con total comodidad, sin preocupaciones, ya existen otros que generosamente me proporcionan lo que me hace falta. Además, ahora que les presto atención he descubierto que tengo necesidades que antes desconocía y ellos me las satisfacen.

Yo solo los he visto por televisión, ellos a mí en su vida, pero no importa, si han llegado a ostentar un cargo tan importante es porque sin conocer a la inmensa mayoría de sus conciudadanos son capaces de trabajar para ellos quitando horas de sueño a su propio descanso.

A veces entre los políticos de distinta ideología existen discrepancias sobre lo que es mejor para mí; tienen diferente opinión y luchan por captar mi atención. Cada uno de ellos desea explicarme lo que va a hacer por mí y después me dan la libertad de elegir. Esta actitud me conmueve, que existan personas dispuestas a discutir para ofrecerme lo mejor, nunca antes nadie lo había hecho por mí. Casi me permiten cumplir uno de mis sueños eróticos: dos personas enfrentadas por poseerme. ¡Genial! Es como tener a un padre sobre otro, no físicamente sino que primero está el biológico y por encima de él, cuidándome, el putativo, es decir mi papá político, el padre de la nación, para entendernos.

Tener tantos hijos a los que cuidar debe de ser complicadísimo. Ya es difícil hacerlo en una familia, así que echarte a la espalda el bienestar de millones de vástagos me imagino que tiene un mérito incalculable.

Una vez que han alcanzado la cúspide se preocupan porque todos estemos unidos, se lo he oído en su discurso de toma de posesión. No hacen distinciones entre unos y otros, trabajan para que todos tengamos las mismas oportunidades. Son justos y ecuánimes, yo nunca les he visto beneficiar a alguien en perjuicio de otros. Mis intereses son los suyos, no me refiero a los bancarios, que también, sino que didácticamente me han hecho comprender lo bueno que es para mi prosperidad su permanencia en el poder. Debe de ser cierto, porque cada vez que se sienten amenazados y temen perder el sillón que ocupan, enseguida me avisan del peligro que corro si paso a ser dirigido por otros.

Me encanta que alguien sepa cuál es mi camino y me encauce dentro de él manteniéndome a salvo de cualquier contingencia nacional o internacional. En el mundo hay enemigos pero yo tengo quien me proteja. Antes nunca me había interesado saber si tenía enemigos en este planeta, pero gracias a mis defensores sé que los hay, son muchos y tienen cara de muy pocos amigos. ¡Qué seguro me siento!

Los políticos son una gran raza humana. Casi nunca me había fijado en el bien que hacen  a la humanidad. La mayoría de personas estamos muy perdidas y gracias a ellos hemos encontrado nuestro rumbo. La gente se come mucho el coco con cosas que no tienen importancia y sufren. Lo hacen porque quieren. Yo hace tiempo también formaba parte de ese inmenso y desdichado grupo. Mi cabeza no paraba de dar vueltas para encontrar soluciones que llenaran mi vida. Esto me producía mucho estrés, todo mi cuerpo se tensaba y los dolores musculares eran un hábito en mi cotidianidad. Ahora puedo decir que está olvidado. Ya no me torturo mentalmente, he dejado de tener pensamientos negativos, es más, ya ni pienso por mí mismo. Adiós problemas. No me preocupo por pensar, esa necesidad ha desaparecido, lo hacen otros por mí, ¿qué más puedo pedir? Tan solo tengo que aprenderme cada una de las ideas que me transmiten y repetirlas hasta que formen parte de mis pensamientos. Si olvido alguno de sus mensajes, el gentil, educado y sonriente portavoz del Gobierno me los recuerda en sus comparecencias, y si no tengo una segunda oportunidad en los medios de comunicación.

Envidio a esos ciudadanos libres cuando les hacen encuestas en plena calle de forma espontánea; se saben todas las respuestas. A mí a veces me cuesta memorizarlas pero a ellos no, responden sin un error. Lo sé porque comparo lo que han dicho en los diferentes noticiarios con sus contestaciones y veo que han conseguido un pleno. Cien por cien de aciertos. ¡Qué mente tan fantástica!

No hay nada como ser un librepensador.

 

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